Robert Campin, el maestro de Flémalle

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BIOGRAFÍA

Robert Campin (Valenciennes, h. 1375-Tournai, 1444). Es un pintor flamenco del siglo XV conocido como el Maestro de Flémalle del que tenemos varias obras reconocidas.

Junto a los hermanos Van Eyck y Roger Van der Weyden, se le considera uno de los primeros pintores de estilo flamenco y en su taller de la ciudad de Tournai  desarrolló una amplia labor como dorador y pintor. Sabemos por ejemplo allí se formaron otros artistas importantes como Van der Weyden lo que ha provocado cierta confusión en la autoría de muchas de sus obras.

El estilo del Maestro de Flémalle evoluciona desde el conocido como Gótico internacional hacia una nueva corriente artística iniciada en los Países Bajos basada en la introducción del óleo. Gracias a la mezcla de aceites estos pintores consiguieron una mayor variedad y calidad cromática que es una de las características principales de la pintura flamenca del siglo XV.

Además las escenas suelen estar llenas de simbolísmo y cierto misticismo religioso mediante composiciones en algunas ocasiones bastante complejas donde se advierte la preocupación por el tratamiento de la luz, el espacio y la plasticidad de las formas.

Destaca sobre todo en la temática del retrato como en Hombre del turbante 1430-1434 (National Gallery) o Retrato de mujer, ambas en la National Gallery de Londres. En ellas además de un intenso estudio psicológico de los personajes, el artista consigue una gran calidad técncia en el tratamiento de los paños. La figura ocupa toda la composición reduciendo al máximo el fondo de la escena y son consideradas precursoras del retrato moderno.

Mujer Campin

Retrato de hombre gordo, 1425 (Gemäldegalerie, Berlin)

Entre la  pintura religiosa destaca la colección perteneciente al Museo del Prado en Madrid que incluye cuatro tablas aunque ningua de ellas está firmada y existe cierta controversia sobre su autoría.

Los Desposorios de la Virgen

En esta obra el pintor introduce dos escenas a la vez y numerosos símbolos que relatan la historia del Antiguo y Nuevo Testamento, además de incluir relieves y arquitecturas al estilo gótico. Ya aparecen las características “grisallas” que imitan relieves tallados en la piedra y que podemos ver en otros pintores flamencos como los Van Eyck.

Tríptico Mérode o Anunciación, 1425 (Metropolitan Museum of New York)

En esta obra hay un delicado estudio de perspectiva y gran detallismo en cada uno de los objetos representados. En la tabla de la izquierda, los donantes son testigos de la anunciación a la Virgen mientras que a la derecha sorprende la imagen de San José, poco frecuente en la pintura religiosa, que ensimismado trabaja en su taller de carpintero. Cada uno de los elementos de su mesa están tratados con el máximo realismo.

San Juan Bautista y el maestro franciscano Enrique de Werl, 1438 (izqda) y Santa Bárbara, 1438 (drcha)

En la imagen de Santa Bárbara encontramos a una joven burguesa leyendo junto a una chimenea encendida pero si miramos a través de la ventana podremos observar una torre que hace referencia a su martirio y es el atributo de la santa. La estancia recrea una típica casa flamenca de la época y sirve para realizar un estudio de perspectiva sobre el pavimento y los objetos como el banco donde se sitúa la figura.

CURIOSIDAD

La autoría de las obras de este pintor está todavía en discusión puesto que la mayoría de los elementos utilizados en sus cuadros pueden ser fácilmente identificados en otros autores más reconocidos como Van der Weyden o Van Eyck. Sólo a partir de 1909 aparece el nombre de Robert Campin asociado al maestro de Flémalle

Interesante análisis sobre la obra de Robert Campin en el Museo del Prado

Fuentes: http://www.museodelprado.es/www.cvc.cervantes.es/www.museothyssen.org

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Los Siete Pecados Capitales. El Bosco

File:Hieronymus Bosch- The Seven Deadly Sins and the Four Last Things.JPG

Título: Los Siete Pecados Capitales
Autor: Hieronymus Van Aeken Bosch (El Bosco)
Estilo: Gótico
Cronología: 1485
Técnica: óleo sobre tabala

ANÁLISIS FORMAL
Sabemos poco d ela vida de El Bosco, mucho menos que de alguos de sus contemporáneos como Durero o Leonardo da Vinci, apenas unos trazos de su nacimiento, aproximadamente hacia el 1450 en  la ciudad holandesa de Hertogenbosch- de donde quizás provenga su apodo-, y sin embargo sus misteriosas composiciones han fascinado al mundo del Arte desde siempre.

En cuanto al contexto histórico en el que se realiza esta obra, se trataría de finales del siglo XV, cuando Europa se encuentra inmersa en plena transformación hacia el Renacimiento. El oscurantismo medieval, dominado por la religiosidad y la moralidad, queda relegado progresivamente por una nueva visión humanista que pone en cuestión los tradicionales pilares de la sociedad europea. Pero en esta obra que estudiamos ahora el artista sigue inspirado en una interpretación muy personal de las Sagradas Escrituras, arraigada dentro de la tradición holandesa en cuanto a técnicas pero siguiendo un lenguaje propio, complejo y subjetivo que es fácilmente reconocible en su pintura.

El Bosco plantea un mundo pictórico lleno de imágenes monstruosas e incluso grotescas, de escenas extrañas y llenas de fantasía desbordante, donde surgen personajes deformes y animales irreales en cualquier parte. Sus cuadros casi oníricos, son de difícil interpretación, pero la mayoría de las ocasiones tratan de temas religiosos a través de la ironía y la caricatura donde hace una crítica directa a la sociedad corrupta y pecadora que le rodea.

Las escenas simulan terribles pesadillas que algunos consideran predecesoras del movimiento Surrealista del siglo XX, aunque en realidad, El Bosco no se aleja mucho d ela influencia del flocklore medieval donde tuvieron gran apogeo el trabajo de manuscritos miniados y los Bestiarios plagados de seres monstruosos. Es esa influencia por el detallismo la que aplica en sus pequeñas figuras realizando la más variada de las acciones. Fue además un gran dibujante y un estudioso de la naturaleza, que supo expresar ocn gran libertad creativa convirtiéndole en un pintor bastante moderno para su época.

Es por tanto que la obra de El Bosco podemos considerarla como transición entre ambos mundos, el medieval y el moderno, manteniendose fiel al primer estilo por su obsesión por la piedad y devoción cristiana, pero ganando en expresividad renacentista en el tratamiento de las figuras.  Su pintura es moralizante y muestra a un artista obsesionado con el demonio, la herejía y la superstición, que no busca la belleza idealizada de otros pintores, sino todo lo contrario porque sus obras se llenan de alboroto y formas yuxtapuestas.

Esta obsesión  ha llevado a algunos estuidosos ha buscarle cierto morbo a su pintura, como planteó Wilhem Fraenger, que le acusaría de pertenecer a una secta hertética donde se practicaba una escandalosa libertad sexual, asegurando que sólo así podriamos interpretar correctamente su trabajo lleno de simbolismo. No sabemos si esto es cierto o no, pero desde luego la imaginería que utilizó nuestro autor debe tener algún significado oculto que nos obliga a buscar algo más en sus cuadros, siendo quizás uno de los primero pintores en utilizar la abstracción conceptual

ANÁLISIS ARTÍSTICO
El tema de los Siete Pecados Capitales es conocido con el acrónimo latino “SANLINGIA”, palabra compuesta por la inicial de cada uno de los Vicios: Superbia, Avaritia, Luxuria, Ira, Gula, Invidia y Acidia, y de la que se derivan todos los demás pecados terrenales para el Crisitanismo.

Considerada una de sus primeras pinturas, tiene un composición muy original circular mediante anillos concéntricos, en cuyo centro aparece representado el ojo de Dios. Dentro de éste coloca una imagen de Cristo resucitado mostrando los estigmas de su pasión. Alrededor aparece una leyenda en latín: “Cave, Cave, dominus videt” o lo que es lo mismo “cuidado, cuidado Dios lo ve todo”. Advertencia de que los pecados del hombre no podrán ser ocultados a los ojos del Creador.

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Alrededor del espacio central, se distribuyen el resto de la escenas con los Pecados Capitales o Vicios, que amenazan permanentemente la vida de cualquier cristiano, entre ellos estarían:

LA SOBERBIA: El deseo de ser más importante que los demás, es uno de los principales pecados y lo identifica con una joven vanidosa que portando un ridículo tocado queda absorta en su reflejo en el espejo  mientras éste esta sujeto por demonios.

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LA LUJURIA: Es decir, el deseo sexual irrefrenable, representado mediante una pareja de amantes que entregados al filtreo no se dan cuenta de que un juglar es azotado justo a su lado.

File:Jheronimus Bosch Table of the Mortal Sins (Luxuria)2.jpg

LA IRA: En la escena aparecen dos borrachos que pelean ante la presencia de una sonriente mujer que los observa consciente de su ridiculez.

File:Jheronimus Bosch Table of the Mortal Sins (Ira)2.jpg

LA GULA: Pecado relacionado con el gusto excesivo por la comida y bebida. En la escena se recrea un enorme banquete de manjares devorado por una familia de insaciables glotones. http://lh4.ggpht.com/-7mMyH0Ndo0k/SDmb5-sH-kI/AAAAAAAAGXs/BesTQiP_lJE/103%252520Pecados%252520capitales%252520gula.jpg?imgmax=640

LA PEREZA: Es el abandono de los deberes espirituales y el cuidado de uno mismo, identificado como un hombre dormitando mientras una mujer se acerca con un rosario para recordarle su olvido de los deberes espirituales.

File:Jheronimus Bosch Table of the Mortal Sins (Accidia)2.jpg

LA AVARICIA: Es la deslealtad y aceptación de sobornos para el beneficio personal. En la escena aparece un juez aceptando el soborno de los que piden clemencia.

File:Jheronimus Bosch Table of the Mortal Sins (Avaricia)2.jpg

LA ENVIDIA: Es el deso de cualquier individuo de lo que otros poseen, com bien cuenta el refrán flamenco “dos perros con un hueso rara vez llegan a un acuerdo”.

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Además de las escenas descritas, en cada esquina de la tabla aparecen otros temas que completan el mensaje “Dios todo lo ve y los hombres serán juzgados al fnal de sus vidas“. En este caso, la Muerte acecha tras la cama del moribundo que confiesa sus pecados o en la escena del Juicio Final, la llegada de los ángeles anuncia el juicio sobre las almas de los difuntos, mientras que en el Infierno los pecadores son condenados a terribles castigos y los justos son dirigidos hacia la Gloria de Dios en el cielo donde son recibidas por San Pedro.

File:Hieronymus Bosch 091.jpgFile:Jheronimus Bosch 4 last things (Last Judgment).jpg

Si todavía nos quedaba dudas del mensaje moralizante que El Bosco utiliza en su obra, se incluyen dos textos del Deuteronomio que advierten q los hombres que alejarse del camino de Dios tiene sus consecuencias…

“Porque son un pueblo que no tiene ninguna compresnión ni vision, si fueran inteligentes entenderían esto y se prepararían para su fin”

” Apartaré de ellos mi rostro y observaré su fin”

El patrón compositivo utilizado en la tabla es una especie de rueda, algo común en la Edad Media para la recreación del camino tomado por los pecadores. Es la rueda del Vicio y la Fortuna, que se ha convertido en el ojo de dios como lo interpreta W.S. Gibson en su ” Hieronymus Bosch and the Mirror of Man“, 1973File:L’Hortus Deliciarum.jpgLa rueda de la Fortuna del Hortus deliciarum. siglo XII

Para el Cristianismo medieval, el destino controlaba todos los aspectos de la vida: la familia, el trabajo, las relaciones sociales… siempres desde un punto de vista en el que el hombre se tentado constantemente por el diablo para alejarse de la Fe donde el pecado es prácticamente inevitable. No estamos por tanto ante un simple tabla, sino ante un sermón moralizante que nos advierte de las terribles consecuencias de las accionies del hombre que caen en esa tentación alejándose de la gloria de dios.

Esta forma peculiar de pintar que tuvo El Bosco le hizo gozar de una gran popularidad entre los coleccionistas particulares, sobre todo en España y Venecia. Sin embargo, mantuvo un concepto artesano de la pintura propio del medievo puesto que no firmaría muchas de sus obras. Son apenas unas siete tablas las que contienen su firma – actualmente se le reconocen unas veiticinco salidas de sus manos- mientras que el resto, se han perdido e incluso falsificado.

Uno de sus máximos admiradores fue el rey de España, Felipe II, que valoraba en El Bosco su gran capacidad para representar a los hombres ” no como querían ser, sino como eran en realidad”. Más próximos a la caricatura y la decadencia que al ideal renacentista que triunfaría poco después.